formación, 30, edad, estudios, vida, elección

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Hoy toca un tema más personal de lo habitual pero extrapolable a personas que puedan identificarse con mi misma situación.

Os pongo un poco en situación.

El amigo Yoriento (Alfonso Alcántara) escribió una entrada sobre las 10 formas de elegir mal los estudios, un tema recurrente y al que contestaron y aportaron puntos de vista distintas personas. Una de ellas fue Martika, que exponía su pena por haber fallado en todos sus intentos académicos anteriores y que se sentía vacía a sus 30 años de edad debido a esa carga.

Automáticamente se me encendió una chispa dentro y me di cuenta que podía verme reflejado en ella en lo que a la zozobra durante muchos años de mi formación se refiere y cómo la diferencia entre uno y otro solo fue una: taparme los oídos, escucharme a mi solo y decidir una dirección que (que no un objetivo absoluto) donde dirigirme y ser persistente en ello.

Cuando tan solo era un chiquillo imberbe me encontré en la misma situación que describe Martika. Nada me llamaba la atención, ningún profesor había despertado en mi ninguna otra inquietud que la de sacar por lo menos un 5 en los exámenes y con poca motivación, y elegí una de las peores opciones que puedes hacer, buscar consejo en tu entorno.

Normalmente las opciones son las de vivir la vida que otros no han podido vivir o las inquietudes de otras personas, y no las tuyas, y escogí comenzar derecho. Meses después me di cuenta de mi error y cómo una carrera estaba matando al ser creativo que llevaba dentro.

Una retirada a tiempo, ya se sabe.

Después decidí dirigirme al otro lado donde muchos encuentran la solución, la oposición. Algunas oposiciones a la espalda, algún que otro desengaño con la honorabilidad de alguna mesa y tiempos muertos sin anuncios de plazas mataron esa otra opción.

Finalmente me acerqué al mundo de la formación donde podía ayudar a muchos niños a no caer en la desidia en la que yo mismo había caído y por la que me sentía perdido.

Acabé mis estudios pero de nuevo la solución era unas oposiciones de las que venía quemado o lo privado, ¿Había hipotecado mi futuro?

Me paré a reflixonar, ¿Qué me siento realmente agusto haciendo y en qué me han dicho alguna vez que soy bueno? La música, la formación y la comunicación, pensé.

Entonces lo tuve claro, debía dirigirme en esa dirección y encontré un sector en ebullición como lo era el 2.0 y todo un mundo interconectado. Fascinante, era justo lo que necesitaba y decidí formarme para llegar a ser un profesional del sector centrándome en el lado más artístico.

Me acerqué a los mejores, leí lo inimaginable, estuve presente en decenas de eventos, realicé cursos y, sobre todo, apliqué todo lo que iba aprendiendo, ensayo y error a tutiplén y, horas, muchas muchas horas invertidas.

Tuve que rectificar mil veces mis ideas iniciales y pensé otras tantas que no valía la pena y quizás me había vuelto a equivocar. No es fácil, no te voy a engañar, hay que trabajar duro y me ayudó en mi camino pensar mucho en lo que ya os he explicado alguna vez del Efecto Ola  que tantas veces me ha dado la razón, pero que necesita mucho esfuerzo sin recompensa.

Seguí acumulando conocimiento y apuntándome a mil batallas y proyectos, mis compañeros de viaje pueden dar Fe de ello.

Y mucho tiempo después, con proyectos como Taléntalo, colaboraciones (algunas remuneradas otras no), cientos de entradas de blog a las espaldas, horas y horas de Networking, de aprendizaje de los mejores, y llegar a casa agotado de trabajar en “ese otro trabajo que siento eventual” saltó una oportunidad.

Conoces a una persona que conecta contigo, que tiene esa inquietud que a ti te hace levantarte todos los días y te unes al mismo barco. Un barco que no navega solo, salimos a navegar con otros inquietos, por lo que la pesca es mucho mayor, la sinergia es la mejor de las estrategias.

Ahora llevo parte del timón en tres proyectos ilusionantes y con grupos de personas distintos: una startup, una marca que suma a mi marca personal y ayuda a la comunidad y una empresa donde asesoramos a otros locos.

Con toda esta historia quiero hacerte llegar Martika que 30 años no es tarde, ni mucho menos, y que mi último cambio de timón lo di a los 28, como pude haberlo hecho a los 30, lo único que nos diferenció fue la persistencia en nuestra dirección.

Es el momento de que dejes a un lado todo y seas capaz de visualizar un lugar donde te sientas agusto y realizada y observes qué estás haciendo allí, luego apuntar en papel la formación que necesitas tener para llegar allí (o crees que debes tener, no todo es lo académico y cada vez prima más otras facetas) e ir hacia ello. Y por el camino no dejar de seguir preparándote, aprender de los mejores de ese sector, acercarte a ellos y preparar el terreno. Gracias a dios es algo que hoy en día es más fácil que hace 10 años.

30 años no son 30 años perdidos Martika ni tus fallos en vano, has aprendido muchas maneras de no llegar a tu sueño así que ya estás más cerca. Quizás has sido más valiente de lo que crees y no te has conformado con algo que otros muchos hubieran aceptado a la primera.

Ánimo amiga.

 

ACTUALIZACIÓN:

Actualmente me he embarcado en un proyecto de Startup, Recúrrela, aceptada en la aceleradora Alfacamp, y con un equipo fuerte que encontré al tener el valor de presentarme en Sevilla Startup Weekend.

Y seguimos aprendiendo…

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  • http://www.facebook.com/garcialledom Merche García Lledó

    Muy buena entrada. He llegado hasta aquí por la de Yoriento.
    Saludos desde Salamanca.

    • OscarSVQ

      Muchísimas Gracias @facebook-100001397585723:disqus !