-¿Os creéis más que nosotros? ¡Somos iguales!¡Somos el pueblo! – se podía escuchar ayer en el #25S a gritos contra la UIP.

Ayer vivimos uno de los mayores atentados desde la transición, no por su violencia, no por sus heridos ni por sus reivindicaciones, si no por el trasfondo social que ello implica.

La guerra del pueblo contra el pueblo.

Esos “señores” de azul, hijos, padres, sobrinos, tíos y, sobre todo, víctimas recortadas también de ésta situación insostenible e inverosímil, golpearon de manera vil y desproporcionada a los recortados para defender a los que sostienen la tijera.

Los elegidos por el pueblo detrás de vallas, protegidos por su guardia pretoriana y haciendo la señal del dedo hacia abajo para que ataquen a sus electores.

¡Ay si levantaran la cabeza aquellos griegos que creyeron en la democracia primigenia!

Creo que el momento de reflexión política se está agotando a pasos agigantados y el mirar hacia otro lado por parte del gobierno puede desembocar en acciones que recuerdan a otra época.

Vivimos un secuestro político, sin derecho a protesta si no son en los términos y condiciones de los que mandan, o sea, sin hacer ruido ni levantar la voz y si son formas legales hacemos una ley que diga lo contrario y tan contentos.

Mientras, el pueblo se pelea consigo mismo para que tú, “amigo político”, puedas seguir teniendo tiempo para pensar como exprimirnos más.

Una vez fuiste pueblo y, cuando vuelvas a serlo, seréis unos despojos sociales.

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